Por Carolina Pérez Cuando Jesús se acercó a la barca en la que sus discípulos, entonces pescadores, limpiaban sus redes, y les dijo “síganme” estaba comenzando allí lo que hoy llamamos mentoría. Cristo buscó a hombres sencillos sin mucha educación ni dinero, que sin embargo tenían una característica en común, dejaron todo y le siguieron. [...]
Por Carolina Pérez
Cuando Jesús se acercó a la barca en la que sus discípulos, entonces pescadores, limpiaban sus redes, y les dijo “síganme” estaba comenzando allí lo que hoy llamamos mentoría. Cristo buscó a hombres sencillos sin mucha educación ni dinero, que sin embargo tenían una característica en común, dejaron todo y le siguieron. Estos hombres invirtieron lo único que poseían su tiempo. La Biblia nos enseña que los doce discípulos pasaban la mayor parte de su vida junto a Jesús. Durante los tres años que él vivió junto a ellos, en esta relación íntima de amistad y cariño, él les reveló quién era, a qué venía y qué esperaba de ellos. Les dio una misión, les entrenó durante tres años día tras día para cumplirla, les demostró su identidad, les dio potestad, y les entregó además al Espíritu Santo.
Es el ejemplo de Jesús el que queremos seguir. Aprendemos de él cuán importante es ser parte de una relación única en la que podemos ser nosotros mismos, imperfectos y defectuosos, sin ocultar nuestros errores, pero con el deseo profundo de cambiarlos. Creemos que en esa clase de relación se da lugar al cambio. Tal y como lo vimos con Simón (Pedro) y Cristo. Jesús no escogió modelos terminados, él no se fijó en quienes se
creían santos y sin mancha. Muy por el contrario, su mirada se dirigió hacia hombres que ya la sociedad religiosa de aquella época había desechado. Tal es el caso de Simón, un hombre de carácter arrebatado y emocional, alguien que estaba lejos de ser un ejemplo a seguir. Sin embargo Jesús ve en él su potencial. Ve lo que puede llegar a ser aun cuando no lo es. Y es por esta misma razón que cambia su nombre a Pedro que traducido es roca, pues él sabe que estando con él en esta relación íntima de amistad y confianza, Simón se convertiría en Pedro. ¿Asombroso, no? Pasar de un estado volátil a uno sólido. Eso es lo que ocurre en la mentoría. Se da espacio al cambio. No queremos que seas perfecto y sin errores, pero creemos que de esta relación serás transformado y alcanzarás tu potencial. Sí, es nuestra convicción que la relación de Mentoría transformará tu vida y
es por eso que queremos trabajar contigo.
Buscamos a personas como tú, jóvenes sencillos y tal vez muy ocupados, pero que tienen algo en común querer dejarlo todo por Cristo. Te animamos a que como los discípulos en su época hicieran, inviertas tu tiempo y recursos en esta relación que poco a poco al pasar de los días irá transformando tu vida y cambiando tu estado. Te esperamos tal y como eres, pero te visualizamos como tú y Cristo quieren que llegues a ser.






